viernes, 24 de marzo de 2017

Capítulo 9.- ADN Egoísta, Genes Saltarines, y un Susto Lamarckista (172)

     Cojamos el ejemplo tan trillado en las aulas, el cuello de la jirafa, discutiéndolo primero en términos darwinianos convencionales. Una mutación para alargar el cuello ancestral podría operar en, digamos, las vértebras, pero a un un observador ingenuo le parece demasiado esperar que la misma mutación vaya a alargar simultáneamente las arterias, venas, nervios, etc. En realidad, el que sea demasiado esperar depende de detalles de la embriología de los que debemos aprender a ser más conscientes: una mutación que actúa suficientemente temprano en el desarrollo podría fàcilmente tener todos esos efectos en paralelo al mismo tiempo. Sin embargo, vamos a seguir con el argumento. El siguiente paso consiste en decir que es difícil {172} imaginar una jirafa mutante con vértebras alargadas siendo capaz de explotar su ventaja en ramonear las copas de los árboles, ya que sus nervios, vasos sanguíneos, etc. son demasiado cortos para su cuello. La selección darwiniana convencional, ingenuamente entendida, tiene que esperar a que un individuo tenga la suerte de combinar todas las mutaciones necesarias coadaptadas simultáneamente. Aquí es donde la selección clonal podría venir al rescate. Una mutación importante, pongamos que el alargamiento de las vértebras, establece las condiciones en el cuello que seleccionen los clones de células que puedan prosperar en ese entorno. Tal vez las vértebras alargadas proporcionan un entorno sobrecargado, muy nervioso y tenso en el cuello, en el que sólo prosperan las células alargadas. Si hay variación genética entre las células, los genes 'para' células alargadas sobreviven y se transmiten a las crías de jirafa. He puesto la cuestión en broma, pero una versión más sofisticada de ella podría, supongo, seguirse desde la teoría de la selección clonal.

     Dije que iba a volver a Weismann en esta cuestión, pues él también vio la utilidad de la selección dentro del cuerpo como una solución al problema de la coadaptación. Weismann pensaba que la
'intra-selección' -la lucha selectiva entre las partes dentro del organismo- 'aseguraría que todas las partes en el interior del organismo tuvieran las mejores proporciones mutuas' (Ridley 1982). 'Si no me equivoco, el fenómeno que Darwin llamó correlación, y justamente considerado como un factor importante en la evolución, es en su mayor parte un efecto de la intra-selección' (Weismann, citado en Ridley). Como ya se ha dicho, Weismann, a diferencia de Roux, no iba a invocar la herencia directa de las variedades intra-seleccionadas. Más bien, '... en cada individuo separado la necesaria adaptación se conseguiría temporalmente por intra-selección ... Así se ganaría tiempo hasta que, en el curso de las generaciones, por constante selección de esos gérmenes constituyentes primarios que mejor se adecuaran entre sí, se alcanzaría el mayor grado posible de armonía'. Creo que me parece más plausible la versión de la teoría del 'Efecto Baldwin' de Weismann  que la versión lamarckiana, y una explicación igual de satisfactoria de la coadaptación.

     Usé la palabra 'susto' en el título de esta sección, y fui tan lejos como para decir que un verdadero renacimiento del lamarckismo devastaría mi visión del mundo. Sin embargo, ahora el lector puede advertir que la declaración era hueca, como la de un hombre que amenaza de manera espectacular con comerse el sombrero, a sabiendas de que su sombrero está hecho de agradable papel de arroz. Un lamarckista fanático puede quejarse de que el último recurso de un darwinista, habiendo fallado en desacreditar los torpes resultados experimentales, es reclamarlos para sí; para hacer su propia teoría tan resistente que no haya resultado experimental que pudiera falsarla. Soy sensible a estas críticas, y tengo que responderlas. Debo mostrar que el sombrero que amenacé en comerme es realmente duro y desagradable. Así que, si el tipo de lamarckismo de Steele es realmente darwinismo disfrazado, ¿qué tipo de lamarckismo no lo sería?

viernes, 17 de marzo de 2017

Capítulo 9.- ADN Egoísta, Genes Saltarines, y un Susto Lamarckista (171)

     El problema es más profundo que eso. No es sólo que los genes seleccionados por clonación  tenderían a ser forajidos por lo que al resto del cuerpo se refiere. Steele ve la selección clonal como aceleradora de la evolución. El darwinismo convencional actúa a través del éxito individual diferencial, y su velocidad, en igualdad de circunstancias, estará limitada por el tiempo de una generación individual. La selección clonal estaría limitada por el tiempo de una generación celular, que es tal vez dos órdenes de magnitud más corto. Por eso podría pensarse que aceleraría la evolución pero, anticipando el argumento de mi último capítulo, plantea una dificultad profunda. El éxito de un órgano multicelular complejo, como un ojo, no puede juzgarse antes de que empiece a funcionar. La selección celular no podría mejorar el diseño de un ojo, porque los eventos selectivos todos tienen lugar en el ojo prefuncional de un embrión. El ojo del embrión está cerrado, y nunca ve una imagen hasta después de que la selección celular, si existiera, fuera completa. La idea general es que la selección celular no puede lograr la aceleración de la evolución que se le atribuye, si la adaptación que nos interesa tiene que desarrollarse en la lenta escala de la cooperación multicelular. 


     Steele tiene su idea sobre la coadaptación. Como Ridley (1982) documenta exhaustivamente, la coadaptación multidimensional fue una de las bestias negras de los antiguos darwinistas. Por ejemplo, tomando de nuevo el ojo, J.J. Murphy dijo 'Probablemente no es exageración que, con el fin de mejorar un órgano como el ojo, ha de ser mejorado en diez maneras diferentes a la vez' (1866, citado por Ridley). Cabe recordar que, al hablar de la evolución de las ballenas en el Capítulo 6, he usado una premisa similar para un propósito diferente. Los oradores fundamentalistas todavía encuentran en el ojo a uno de sus clásicos más socorridos. Por cierto, The Sunday Times (13 de julio 1980) y The Guardian (21 de noviembre 1978) plantean el tema de debate del ojo como si se tratara de uno nuevo, y el último artículo pretendía tranquilizarnos porque, según rumores, un eminente filósofo (!) iba a prestarle su mejor atención. Parece que Steele se vio atraído inicialmente por el lamarckismo debido a sus dificultades con la coadaptación, pensando que su teoría de la selección clonal podría aliviar, en principio, esa dificultad, si la hubiera.

viernes, 10 de marzo de 2017

Capítulo 9.- ADN Egoísta, Genes Saltarines, y un Susto Lamarckista (170)

     Steele no se aventura lejos de su propio campo de la inmunología, pero le gustaría que una versión de su teoría se aplicara a otros campos, y particularmente al sistema nervioso y al mecanismo de mejora adaptativa conocido como aprendizaje. 'Si [la hipótesis] ha de tener alguna aplicación general en el proceso de adaptación evolutiva,{170} debería explicar el potencial de adaptación de las redes neuronales del cerebro y del sistema nervioso central' (Steele 1979, p. 49, la más que sorprendente cursiva es suya). Puesto que es algo impreciso en cuanto a lo que podría seleccionarse exactamente dentro del cerebro, le ofrezco un regalo de mi propia teoría de la 'muerte selectiva de las neuronas como un posible mecanismo de memoria' (Dawkins 1971por si puede hacer algo con ella.

          Pero ¿hay posibilidades reales de aplicar la teoría de la selección clonal fuera del dominio del sistema inmunológico? ¿está limitada por las circunstancias muy especiales del sistema inmune, o podría estar relacionada con el viejo principio lamarckiano de uso y desuso? ¿los brazos del herrero podrían acoger la selección clonal ? ¿Podrían  heredarse los cambios adaptativos provocados por el ejercicio muscular? Lo dudo mucho: las condiciones no son las adecuadas para que la selección natural trabaje dentro de los brazos del herrero a favor de, por ejemplo, las células que prosperan en un ambiente aeróbico sobre las que prefieren la bioquímica anaeróbica, transcribiendo inversamente los genes beneficiosos en justo el locus cromosómico adecuado en la línea germinal. Pero, incluso si este tipo de cosas fuera concebible en un contexto distinto fuera del sistema inmune, hay una dificultad teórica aún mayor.

     El problema es el siguiente. Las cualidades que servirían para el éxito en la selección clonal serían necesariamente aquellas que dan a ciertas células una ventaja sobre las células rivales en el mismo cuerpo. No se requiere que estas cualidades tengan relación con lo que es bueno para el organismo en su conjunto, y nuestro debate sobre los forajidos sugiere que bien podrían entrar activamente en conflicto con lo que es bueno para el cuerpo como un todo. De hecho, para mí un aspecto ligeramente insatisfactorio de la teoría de Burnet es que el proceso de selección en el fondo es un artificio ad hoc. Se asume que aquellas células cuyos anticuerpos neutralizan los antígenos invasores se propagarán a expensas de otras células. Pero esta propagación no se debe a ninguna ventaja celular intrínseca: por el contrario, las células que no arriesgan su vida sofocando antígenos sino egoístamente dejando la tarea a sus colegas deberían, a primera vista, tener una ventaja incorporada. La teoría tiene que introducir una regla de selección arbitraria y no parsimoniosa, impuesta, por así decirlo, desde arriba, de modo que aquellas células que benefician al cuerpo en su conjunto lleguen a ser más numerosas. Es como si un criador de perros humano seleccionase deliberadamente para el heroísmo altruista ante situaciones de peligro. Probablemente podría lograrlo, pero la selección natural no podría. La selección clonal no adulterada debería favorecer células egoístas cuyo comportamiento entraría en conflicto con el interés superior del cuerpo como un todo.


     Lo que digo, usando los términos del Capítulo 6, es que,
según la teoría de Burnet, es probable que la selección de vehículos a nivel celular entre en conflicto con la selección de vehículos a nivel organísmico. Esto, por supuesto, no me preocupa, ya que no abogo por el organismo como vehículo preeminente; simplemente añado una entrada más a la lista de los 'forajidos que conozco'; un desvío más ingenioso de propagación del replicador, junto con los genes saltarines y el ADN egoísta. {171} Pero debería preocupar a cualquiera, como Steele, que vea la selección clonal como un medio complementario por el cual surgen las adaptaciones corporales.

viernes, 3 de marzo de 2017

Capítulo 9.- ADN Egoísta, Genes Saltarines, y un Susto Lamarckista (169)

     Así pues, la teoría de Steele es una versión del darwinismo. Las células seleccionadas, de acuerdo con la teoría de Burnet, son vehículos para los replicadores activos, a saber, los genes mutados somáticamente dentro de ellas. Son activos, pero ¿son replicadores de la línea germinal? La esencia de lo que estoy diciendo es que la respuesta es un rotundo sí, si la adición de Steele a la teoría  de Burnet es cierta. No pertenecen a lo que hemos considerado convencionalmente como la línea germinal, pero es una consecuencia lógica de la teoría el que simplemente hemos estado equivocados en cuanto a lo que verdaderamente es la línea germinal. Cualquier gen en una célula 'somática' que sea un candidato para el transporte proviral en una célula germinal es, por definición, un replicador de la línea germinal. ¡El libro de Steele podría retitularse La Línea Germinal Extendida! Lejos de ser incómodo para los neo-Weismannistas, resulta ser profundamente afín a nosotros.

     Por tanto, quizás no sea realmente tan irónico que en 1984 fuera el mismo Weismann quien, de entre todos, adoptara algo que presenta algo más que un simple parecido con la teoría de Steele, hecho que éste parece desconocer. El siguiente relato está tomado de Ridley (1982; Maynard Smith, 1980, también señaló el precedente). Weismann desarrolló una idea de Roux, que llamó 'intra-selección'.  Cito de Ridley: 'Roux había argumentado que hay una lucha por el alimento entre las partes de un organismo, como la lucha por la existencia entre los organismos ... La teoría de Roux fue que la lucha de las partes, junto con la herencia de la caracteres adquiridos, era suficiente para explicar la adaptación'. Sustituye 'partes' por 'clones', y tienes la teoría de Steele. Pero, como era de esperar, Weismann no siguió todo el camino con Roux en postular la herencia literal de los caracteres adquiridos. En cambio, en su teoría de la 'selección germinal', invocó el principio pseudo-lamarckiano que más tarde llegó a ser conocido como el 'Efecto Baldwin' (Weismann no fue el único en descubrir la idea antes de Baldwin). El uso de Weismann de la teoría de la intra-selección en la explicación de la coadaptación se tratará más adelante, ya que se asemeja mucho a una de las propias preocupaciones de Steele.

viernes, 24 de febrero de 2017

Capítulo 9.- ADN Egoísta, Genes Saltarines, y un Susto Lamarckista (168)

     Los conejos se beneficiarían, sin duda, en heredar los idiotipos adquiridos de sus padres. Comenzarían su vida con una ventaja en la batalla inmunológica {168} contra las plagas que sus padres conocieron, y que ellos mismos, probablemente, conocerán. Luego se trata de un cambio adaptativo dirigido. Pero ¿lo imprime realmente el entorno? Si la formación de anticuerpos funcionara a través de algún tipo de teoría 'instructiva', la respuesta sería sí. El medio ambiente, en forma de moléculas de proteínas antígenas, moldearía entonces directamente las moléculas de anticuerpos en los conejos padres. Si resultara que los descendientes de esos conejos heredaran una propensión para crear los mismos anticuerpos, tendríamos lamarckismo de pura sangre. Pero las conformaciones de las proteínas de los anticuerpos tendrían que ser, según esta teoría, traducidas a la inversa de alguna manera en código de nucleótidos. Steele (p. 36) está convencido de que no hay ningún indicio de dicha traducción inversa, sólo la transcripción inversa de ARN a ADN. No propone ninguna violación del dogma central de Crick, aunque, por supuesto, otros están en libertad de hacerlo (volveré más adelante sobre este punto en un contexto más general).


     La esencia misma de la hipótesis de Steele es que la mejora adaptativa se produce a través de la selección de variación inicialmente aleatoria. Es
una teoría casi tan darwinista como pudiera ser, siempre que pensemos en el replicador y no en el organismo como unidad de selección. No es sólo vagamente análoga al darwinismo, en la forma de, por ejemplo, la teoría de los 'memes', o la teoría de Pringle (1951) según la cual el aprendizaje se produce por selección de una población de osciladores neuronales acoplados entre un acervo de frecuencias de oscilaciones. Los replicadores de Steele son moléculas de ADN en núcleos celulares. No sólo son análogos a los replicadores del darwinismo. Son los mismos replicadores. El esquema de selección natural que esbocé en el capítulo 5 no necesita ninguna modificación para conectar directamente con la teoría de Steele. El tipo de lamarckismo de Steele sólo se parece a la impronta de las características ambientales en la línea germinal si pensamos a nivel del organismo individual. Es cierto que está diciendo que las características adquiridas por el organismo se heredan. Pero si nos fijamos en el nivel más bajo de los replicadores genéticos, está  claro que la adaptación se produce a través de la selección, no de la 'instrucción' (ver más adelante). No es más que selección dentro del organismo. Steele (1979, p. 43) estaría de acuerdo:' ... depende en gran medida de los principios esenciales darwinianos de la selección natural'.


     A pesar de la deuda declarada de Steele a Arthur Koestler,
aquí no hay nada que pueda reconfortar a aquellos, generalmente no biólogos, cuya antipatía hacia el darwinismo está fundamentalmente provocada por el espantajo del 'azar ciego'. O, para el caso, el espantajo gemelo de una despiadada e indiferente Parca, que se burla de nosotros como la única Primera Causa de nuestros sublimes seres, que lo cambia 'todo haciendo pasar hambre y asesinando a ciegas a todo lo que no tiene la suerte de sobrevivir en la lucha universal por lo absurdo' (Shaw 1921). Aunque se probara que Steele tiene razón, ¡no deberíamos escuchar risas triunfales desde la sombra de Bernard Shaw! El espíritu vivo de Shaw se rebeló apasionadamente contra la 'serie de accidentes' darwiniana. '... Parece simple, porque al principio no te das cuenta de todo lo que implica. Pero cuando su significado pleno amanece sobre ti, tu corazón queda sepultado en tu interior. {169} Hay un fatalismo horrible en ello, una reducción espantosa y condenable de la belleza y la inteligencia, de la fuerza y ​​el propósito, del honor y la aspiración ...' Si debemos anteponer la emoción a la verdad, siempre me ha parecido que la selección natural tiene una inspiradora, aunque severa y austera, poesía propia -una 'grandeza en esta visión de la vida' (Darwin 1859). Todo lo que estoy diciendo aquí es que si te abruma el azar ciego, no mires la teoría de Steele como un escape. Pero tal vez no sea demasiado esperar que una adecuada comprensión de la teoría de Steele pueda ayudar a mostrar que el 'azar ciego' no es el epítome adecuado del darwinismo que Shaw, Cannon (1959), Koestler (1967) y otros piensan que es.

viernes, 17 de febrero de 2017

Capítulo 9.- ADN Egoísta, Genes Saltarines, y un Susto Lamarckista (167)

     La evidencia realmente impresionante sólo estuvo disponible después de que la teoría de Steele se  concretara y se publicara, un llamativo y muy sorprendente ejemplo de la ciencia avanzando en la forma en que los filósofos piensan que avanza. Gorczynski y Steele (1980) investigaron la herencia por vía paterna de la tolerancia inmunológica en ratones. Utilizando una versión con una dosis extremadamente alta del método clásico de Medawar, expusieron a crías de ratones a células de otra cepa, para volverlas tolerantes de adultas a injertos posteriores de la misma cepa donante. Luego criaron estos machos tolerantes, y llegaron a la conclusión de que su tolerancia fue heredada por aproximadamente la mitad de sus hijos, que no fueron expuestos en la infancia a los antígenos extraños. Además, el efecto parecía transmitirse a la generación nieta.

     Pendiente de confirmación, tenemos aquí un caso prima facie de herencia de los caracteres adquiridos. La
breve explicación de Gorczynski y Steele sobre su experimento, y sobre experimentos reportados más recientemente que lo amplían  (Gorczynski y Steele 1981), se asemeja a la interpretación de Steele sobre el estudio del conejo antes mencionado. Las principales diferencias entre los dos casos son, en primer lugar, que los conejos podrían haber heredado algo en el citoplasma materno, mientras que los ratones no; y en segundo lugar, se alegó que los conejos heredaban una inmunidad adquirida, mientras que se supone que los ratones heredaban una tolerancia adquirida. Probablemente estas diferencias son importantes (Ridley 1980b; Brent et al. 1981), pero no profundizaré mucho en ellas, pues no estoy tratando de evaluar los resultados experimentales por sí mismos. Me centraré en la cuestión de si, en todo caso, Steele está ofreciendo realmente 'un desafío lamarckista al darwinismo'.

    
Hay algunas cuestiones históricas que debemos aclarar previamente. La herencia de los caracteres adquiridos no es el aspecto de su teoría que el propio Lamarck enfatizara y, contra Steele (1979, p. 6), no es cierto que la idea se originara con él: simplemente asumió la opinión convencional de su tiempo y le injertó otros principios como el 'esfuerzo' y el 'uso y desuso'. Los virus de Steele parecen más una reminiscencia de las propias 'gémulas' pangenéticas de Darwin que a nada postulado por Lamarck. Pero menciono la historia sólo para dejarla de lado. Damos el nombre de darwinismo a la teoría de que la variación no dirigida en una línea germinal aislada recibe la acción de la selección sobre sus consecuencias fenotípicas. Damos el nombre de lamarckismo a la teoría de que la línea germinal no está aislada, y que las mejoras imprimidas ambientalmente pueden moldearla directamente. En este sentido, ¿la teoría de Steele es lamarckista y antidarwinista?

viernes, 10 de febrero de 2017

Capítulo 9.- ADN Egoísta, Genes Saltarines, y un Susto Lamarckista (166)

     Steele forja una triple unión entre la teoría de la selección clonal de Burnet (1969), la teoría del provirus de Temin (1974), y su propio ataque contra la inviolabilidad de la línea germinal de Weismann. Toma de Burnet la idea de una mutación somática que conduce a la diversidad genética en las células del cuerpo. La selección natural intracorporal, entonces, se ocupa de que el cuerpo se pueble de variedades de células exitosas a expensas de las variedades fallidas. Burnet limita la idea a una clase especial de células en el sistema inmune, y el 'éxito' significa el éxito en la neutralización de antígenos invasores, pero Steele lo  generalizaría a otras células. Toma de Temin la idea de los virus de ARN que sirven como mensajeros intercelulares, transcribiendo los genes en una célula, llevando la información a otra célula y transcribiendo inversamente de nuevo en ADN en la segunda célula usando la transcriptasa inversa.


     Steele utiliza la teoría de Temin, pero con un importante énfasis adicional en las células de la línea germinal como receptores de la información genética
inversa transcrita. Limita sabiamente la mayoría  de su discusión al sistema inmunológico, aunque la ambición de su teoría es mayor. Cita cuatro estudios sobre 'idiotipia' en el conejo. Si se les inyecta una sustancia extraña, diferentes conejos individuales la combaten creando diferentes anticuerpos. Incluso si los miembros de un clon genéticamente idénticos se someten al mismo antígeno, cada individuo responde con su propio 'idiotipo' único. Ahora bien, si realmente los conejos son genéticamente idénticos, la diferencia en sus idiotipos ha de deberse a diferencias ambientales o de azar, y no debería, de acuerdo con la ortodoxia, ser heredada. De los cuatro estudios citados, uno dio un resultado sorprendente. El idiotipo de un conejo resultó ser heredado por sus hijos, aunque no compartido por sus compañeros de clon. Steele subraya el hecho de que en este estudio los padres conejos fueron expuestos al antígeno antes del apareamiento para producir la descendencia. En los otros tres estudios los padres fueron inyectados con el antígeno después del apareamiento, y la descendencia no heredaba sus idiotipos. Si el idiotipo fuera heredado como parte de un plasma germinal inviolable, no debería haber ninguna diferencia tanto si los conejos se apareaban antes como después de la inyección. 

     La interpretación de Steele comienza con la teoría de Burnet. La mutación somática genera diversidad genética en la población de células inmunitarias. La selección clonal favorece aquellas variedades genéticas de las células que destruyen de forma satisfactoria el antígeno, y se vuelven muy numerosas. Hay más de una solución a cualquier problema antigénico, y el resultado final del proceso de selección es diferente en cada conejo. Ahora entran los provirus de Temin. Estos transcriben una muestra aleatoria de los genes en las células inmunitarias. Debido a que las células que portan genes de anticuerpos exitosos superan en número a las otras, es estadísticamente más probable que se transcriban estos genes exitosos. Los provirus llevan estos genes a las células germinales, anidan en los cromosomas de la línea germinal y los dejan allí, probablemente suprimiendo a los ocupantes titulares del locus. {167} La próxima generación de conejos es, por tanto, capaz de beneficiarse directamente de la experiencia inmunológica de sus padres, sin tener que experimentar los antígenos relevantes por sí mismos, y sin la intervención dolorosamente lenta y derrochadora de la muerte selectiva del organismo .

viernes, 3 de febrero de 2017

Capítulo 9.- ADN Egoísta, Genes Saltarines, y un Susto Lamarckista (165)

Un susto Lamarckista 


     Utilizo la palabra 'susto' porque, siendo dolorosamente sincero, en pocas {165} cosas
puedo pensar más devastadoras de mi visión del mundo que se demostrara la necesidad de volver a la teoría de la evolución atribuida tradicionalmente a Lamarck. Es una de las pocas contingencias para las que podría ofrecerme a comerme el sombrero. Por tanto, es más importante aún dar una audiencia completa y justa a algunas afirmaciones hechas en nombre de Steele (1979) y Gorczynski y Steele (1980, 1981). Antes de que el libro de Steele (1979) estuviera disponible en Gran Bretaña, The Sunday Times of London (13 de julio 1980) publicó un artículo a toda plana sobre sus ideas y "un experimento sorprendente que parece desafiar el darwinismo y resucitar a Lamarck". La BBC le dio una  publicidad similar a los resultados, en al menos en dos programas de televisión y varios programas de radio: como ya hemos visto, los periodistas 'científicos' están constantemente en alerta para cualquier cosa que suene como un desafío a Darwin. Nada menos que un científico como Sir Peter Medawar nos obligó a tomar el trabajo de Steele en serio al hacerlo él mismo. Se le citó siendo adecuadamente cauteloso sobre la necesidad de repetir el trabajo, y concluyendo: 'No tengo ni idea de cuál será el resultado, pero espero que Steele tenga razón' (The Sunday Times).

     Naturalmente cualquier científico espera que la verdad, sea la que sea, salga a la luz. Pero un científico también tiene derecho a sus esperanzas más íntimas en cuanto a lo que la verdad llegará a ser -una revolución en la cabeza de uno está destinada a ser una experiencia dolorosa- ¡y confieso que mis propias esperanzas no coincidieron inicialmente con las de sir Peter! Tenía dudas sobre si las  suyas coincidían realmente con las que se le atribuían, hasta que me acordé de su observación, para mí siempre ligeramente desconcertante (ver página 22), de que 'La principal debilidad de la teoría moderna de la evolución es la falta de una  teoría de la variación completa y funcional, es decir, de la candidatura para la evolución, de la forma en que las variantes genéticas eran ofrecidas para la selección. Por tanto, no tenemos ninguna explicación convincente del progreso evolutivo -de la tendencia por otro lado inexplicable de los organismos en adoptar soluciones cada vez más complicadas a los problemas de permanecer vivos (Medawar 1967). Medawar es uno de los que, más recientemente, han intentado con gran intensidad, y sin embargo han fallado, replicar los hallazgos de Steele (Brent et al. 1981).

     Anticipando la conclusión a la que llegaré, ahora veo con ecuanimidad, aunque con disminución de la expectativa (Brent et al. 1981; McLaren et al. 1981), la perspectiva de que se confirme la teoría de Steele, porque ahora me doy cuenta de que, en el más profundo y más amplio sentido, es una teoría darwinista; una variedad de la teoría darwinista por otra parte que, como la teoría de los genes saltarines, es particularmente afín a la tesis de este libro, ya que hace hincapié en la selección a un nivel que no es  el del organismo individual. Aunque perdonable, la afirmación de que desafía el darwinismo resulta ser sólo un sensacionalismo periodístico, siempre entendiendo el darwinismo en la forma en que yo creo que debe ser entendido. En cuanto a la teoría de Steele en sí, aunque los hechos no la confirman, nos habrá hecho el valioso servicio de obligarnos a agudizar nuestra percepción del darwinismo. No estoy cualificado para evaluar los detalles técnicos de los experimentos de Steele y los de sus críticos (una buena evaluación la da Howard
(1981) {166}, y me concentraré en discutir el impacto de su teoría, si finalmente los hechos llegaran a apoyarla.