viernes, 17 de marzo de 2017

Capítulo 9.- ADN Egoísta, Genes Saltarines, y un Susto Lamarckista (171)

     El problema es más profundo que eso. No es sólo que los genes seleccionados por clonación  tenderían a ser forajidos por lo que al resto del cuerpo se refiere. Steele ve la selección clonal como aceleradora de la evolución. El darwinismo convencional actúa a través del éxito individual diferencial, y su velocidad, en igualdad de circunstancias, estará limitada por el tiempo de una generación individual. La selección clonal estaría limitada por el tiempo de una generación celular, que es tal vez dos órdenes de magnitud más corto. Por eso podría pensarse que aceleraría la evolución pero, anticipando el argumento de mi último capítulo, plantea una dificultad profunda. El éxito de un órgano multicelular complejo, como un ojo, no puede juzgarse antes de que empiece a funcionar. La selección celular no podría mejorar el diseño de un ojo, porque los eventos selectivos todos tienen lugar en el ojo prefuncional de un embrión. El ojo del embrión está cerrado, y nunca ve una imagen hasta después de que la selección celular, si existiera, fuera completa. La idea general es que la selección celular no puede lograr la aceleración de la evolución que se le atribuye, si la adaptación que nos interesa tiene que desarrollarse en la lenta escala de la cooperación multicelular. 


     Steele tiene su idea sobre la coadaptación. Como Ridley (1982) documenta exhaustivamente, la coadaptación multidimensional fue una de las bestias negras de los antiguos darwinistas. Por ejemplo, tomando de nuevo el ojo, J.J. Murphy dijo 'Probablemente no es exageración que, con el fin de mejorar un órgano como el ojo, ha de ser mejorado en diez maneras diferentes a la vez' (1866, citado por Ridley). Cabe recordar que, al hablar de la evolución de las ballenas en el Capítulo 6, he usado una premisa similar para un propósito diferente. Los oradores fundamentalistas todavía encuentran en el ojo a uno de sus clásicos más socorridos. Por cierto, The Sunday Times (13 de julio 1980) y The Guardian (21 de noviembre 1978) plantean el tema de debate del ojo como si se tratara de uno nuevo, y el último artículo pretendía tranquilizarnos porque, según rumores, un eminente filósofo (!) iba a prestarle su mejor atención. Parece que Steele se vio atraído inicialmente por el lamarckismo debido a sus dificultades con la coadaptación, pensando que su teoría de la selección clonal podría aliviar, en principio, esa dificultad, si la hubiera.

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